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Lunes. Tu jefe acaba de encargarte una presentación muy importante para el viernes. Sabes que es prioritario, pero decides trabajar en otras cosas mientras los días pasan y de repente, ¡Jueves por la tarde y aún no has empezado! ¿Has vivido una experiencia similar? No, no necesariamente hablamos de pereza o irresponsabilidad. Nos referimos a un concepto mucho más complejo, y en el que todos solemos caer con esas tareas que decidimos dejar para «más adelante».


El procrastinar es un hábito que se enfoca en la posposición de actividades que consideramos incómodas, difíciles o aburridas y que, como resultado final, puede conllevar a una situación de estrés, ansiedad o sensación de fracaso.

Sin embargo, la procrastinación  va mucho más allá de la evasión de tareas importantes por simple vagueza; y de hecho, te darás cuenta que aunque parezca difícil, es un hábito que podemos cambiar para lograr una mejor gestión de tiempo, aumentar la productividad y lograr cumplir nuestra misión y objetivos personales.


Te recomendamos que no dejes este artículo para mañana, y hoy mismo decidas poner en práctica los consejos que traemos para ti.

Qué es la procrastinación

Empecemos por lo básico. 


Aunque creemos conocer el significado de procrastinar, muchas veces empleamos mal el término y lo relacionamos con la vagancia u holgazanería, cuando, en realidad, tomando en cuenta la definición de la Real Academia Española, la procrastinación no es más que la acción de «diferir o aplazar»


De hecho, si vamos un poco más allá y analizamos el origen etimológico de esta expresión, encontramos que es una palabra proveniente del latín Pro que significa adelante y Crastinus que hace referencia al futuro.


Así, en palabras del psicólogo y especialista en el tema Timothy A. Pychyl, procrastinar es «el retraso voluntario de una acción planeada con la expectativa de un posible resultado peor». 


¿Es por tanto la procrastinación una señal de improductividad? No necesariamente. Todos los seres humanos, en algún momento de nuestras vidas, hemos experimentado este tipo de situaciones como una especie de «barrera» que construimos para evadir esas emociones negativas que nos puede suponer una tarea u obligación, y en su lugar, realizamos otras actividades que consideramos más sencillas o gratificantes.

De esta manera, tu cerebro de alguna forma busca darte una sensación de productividad con esas pequeñas tareas que realizas. No obstante, el dejar nuestras responsabilidades para el último momento no es la solución, sino que contribuye a que a largo plazo creemos un mal hábito que puede afectar de manera negativa nuestras emociones, y en general, nuestra vida.


¿Cuántas veces dejaste a un lado alguna tarea importante y en su lugar decidiste ponerte al día con tus amigos por WhatsApp, o quizás, ordenar tu habitación? Sin duda es algo frecuente, lo importante es lograr el autocontrol y la fuerza de voluntad para sacar adelante todas nuestros deberes.

Causas: Perfeccionismo y emociones

Una vez definido, es necesario conocer las causas que nos hacen caer en el círculo vicioso de postergar nuestras obligaciones. Porque aunque no lo creas, las estadísticas muestran que la procrastinación afecta a más del 20% de la población global y se trata, de hecho, de un factor psicológico inherente en los seres humanos.

Pero entonces, ¿por qué procrastinamos? Estudios apuntan a que la causa principal viene relacionada con el miedo a fracasar, especialmente en las personas que tienden a ser perfeccionistas o con baja autoestima.


De hecho, en su guía Solving the Procrastination Puzzle (Resolviendo el Puzzle de la Procrastinación), Tim Pychyl enfatiza que la postergación constante de actividades es un problema sobre el control de nuestras emociones y no  exclusivamente de gestión de tiempo.


Según el autor, la posposición de tareas responde a una reparación del estado de ánimo en el corto plazo, pero que en un período más largo puede afectar nuestras acciones y objetivos personales.


Además, otra de las causas de la procrastinación viene por el choque de una nueva tarea con nuestros hábitos diarios. Si por ejemplo, dentro de tu rutina diaria no incluyes algún tipo de ejercicio físico, tal vez te tome un mayor esfuerzo adquirir o realizar esta actividad, e incluso, desistas en el intento de practicar el hábito del ejercicio.


Y es que la falta de seguridad puede llegar a generar esa sensación de frustración sobre nuestros objetivos y por tanto, buscamos la manera de evitar un posible fracaso.

¿Por qué debemos dejar de procrastinar?

Posponer nuestras responsabilidades no es un defecto individual, sino más bien una condición de cada persona ante la falta de autocontrol o fuerza de voluntad. ¿Te has preguntado cómo tu compañero de trabajo logra terminar sus tareas en el momento? ¿O cómo hace ese amigo que cada mañana se despierta con energía para salir a correr antes de arrancar su rutina, mientras tú te quedas en la cama revisando tus redes sociales? 


«Si quieres que un trabajo fácil parezca muy difícil, sigue posponiéndolo». - Olin Miller


¡Todo es cuestión de actitud y ganas de adoptar nuevos hábitos! El primer paso es ser conscientes de que queremos darle un giro a nuestra vida y convertirnos en personas mucho más efectivas.


Asimismo, tomar consciencia de este hábito evitará consecuencias a largo plazo como desmejorar nuestra autoestima o estado de ánimo, evadir decisiones importantes en nuestro día a día o quedar atrapados en un estilo de vida poco satisfactorio.

¿Soy un procrastinador?

Ahora que ya conoces la teoría, ¡vamos por la práctica! 

De manera general, los procrastinadores se pueden dividir en activos o pasivos, tomando en cuenta la gestión del tiempo. 

Los activos son aquellos que trabajan mucho mejor bajo presión, y que por tanto postergan, conscientemente, sus responsabilidades hasta último momento para obtener un mayor desempeño.

Por otra parte, los postergadores pasivos suelen ser los que postergan sus tareas para el día siguiente por inseguridad o miedo en la toma de decisiones.

Además de estas categorías, existen otras clasificaciones más específicas, como por ejemplo:

1. El Perfeccionista

Los perfeccionistas temen al fracaso y postergan sus tareas por miedo a críticas o fallos.

2. El Soñador

Son aquellos que posponen las tareas por falta de atención o desinterés en los detalles.

3. El Preocupado

Aplazan aquellas responsabilidades que supongan un cambio fuera de su zona de confort.

4. El Overdoer

Aquel que asume demasiadas tareas a la vez y se ve forzado a retrasar las mismas por falta de tiempo.


Y si aún te quedan dudas de cuáles son las características de un postergador, Tim Urban, autor del blog Wait But Why y «procrastinador maestro», como él mismo se define, presenta de una manera jocosa y original la forma en que nuestro cerebro procrastina y se ve atrapada en esa gratificación instantánea cuando dejamos a un lado esos trabajos pendientes.

De hecho, el blogger retoma la importancia de identificar y buscar cambiar los peores efectos de la postergación continua de responsabilidades, en especial sobre esas actividades sin deadline cómo convivir con nuestros seres queridos o cuidar nuestro cuerpo y mente.

Hábitos y Procrastinación

Por tanto, Tim Urban nos invita a reflexionar sobre la manera en que el hábito de procrastinar puede llegar a afectar otros objetivos personales.


De hecho, el economista ganador de un Nobel y autor del artículo Procrastination and Obedience (Procrastinación y Obediencia) George Akerlof analiza la importancia de cómo la dilación de las cosas puede conllevar a más que un mal hábito.


Desde su propia experiencia, Akerlof cuenta cómo se vio envuelto en una situación de postergar una tarea tan sencilla como enviar una caja de ropa a un amigo. Ocho meses pasaron hasta que el economista se dio cuenta de que había caído en el círculo vicioso de dejarlo «para el día siguiente».


Todos podemos caer en procrastinar alguna vez en nuestras vidas, lo importante, es que esto no se vuelva un hábito.


«A menudo, el aplazamiento implica un mayor riesgo que tomar una decisión incorrecta». - Harry A. Hopf


¡Pero no lo olvides! Relajarse y dejar a un lado las responsabilidades puede ser incluso beneficioso para nuestra productividad. No obstante, especialistas recomiendan evitar caer en la tendencia de darle prioridad únicamente a nuestras necesidades a corto plazo en vez de las tareas importantes que debemos cumplir a  largo plazo.


Y aunque difícilmente logremos autoconvencernos de la importancia de dejar de procrastinar, existen un sinfín de estrategias y técnicas que te permitirán cambiar esa necesidad de obtener una recompensa instantánea por otros hábitos más estables, y con los que lograrás todas esas pequeñas tareas que tiendes a postergar.

Cómo dejar de procrastinar

Aunque nadie tiene la fórmula mágica para dejar de postergar tus tareas, te traemos una práctica lista de lo que puedes hacer para dar el paso inicial hacia una vida más efectiva y positiva. ¡Toma nota!

1. Elimina las excusas de tu vida

Lo principal que debes hacer para dejar de procrastinar es, precisamente, eliminar las excusas de tu vocabulario. 

La próxima vez que pienses «mañana será otro día» o «tengo que hacerlo», cambia tu lenguaje a «yo elijo hacerlo», «sacaré provecho a esta tarea» o «esto me ayudará a lograr una rutina mucho más productiva».

2. Establece un plan en tu rutina

La organización es otro punto clave en el camino para dejar a un lado la dilatación. Procura dividir esas actividades que tanto te cuestan cumplir en tareas más cortas. 

De hecho, a la pregunta ¿cómo dejar de posponer las cosas que son importantes y que debes hacer?, el experto en aprendizaje, orador y coaching Jim Kwik propone, entre otras técnicas, crear lo que define como tiny habits o metas claves y concretas que te permitirán tener un plan mucho más flexible. 

Tal vez al principio cueste cumplir con los objetivos fijados, pero verás cómo con el paso del tiempo comenzarás a sentir mayor motivación y facilidad a la hora de fijar y establecer tus tareas.

«No tienes que ver toda la escalera, solo da el primer paso». - Martin Luther King, Jr.

No olvides que para lograr una mejor gestión del tiempo existen métodos muy útiles como la famosa Regla 80/20 o la técnica Pomodoro para una óptima distribución en tus tareas diarias.

Asimismo, con un sólo clic podrás encontrar información adicional para conocer más sobre las mejores estrategias para evitar procrastinar.

3. Dile adiós al miedo o fracaso

Por otra parte, si estás pensando en dejar a un lado la postergación de tareas tienes que eliminar la preocupación de tu vida.

Las palabras «miedo» o «fracaso» no deben convertirse en un obstáculo, te aseguramos que si reflexionas sobre todo lo que has logrado en tu vida, te darás cuenta de que eres capaz de todo y mucho más. Adoptar un pensamiento más positivo sobre la vida despertará tu potencial para alcanzar todo lo que te propongas.

Y si no es suficiente piensa, ¿qué es lo peor que puede pasar si no logramos lo que queremos? Como dice la famosa frase, de los errores se aprende

Es importante alimentarnos de frases de superación que nos permita sobrellevar las adversidades de la vida.

4. Cambia tu gratificación instantánea 

No evadas esas responsabilidades incómodas o aburridas. En su lugar, busca alcanzarlas y premia tu esfuerzo con alguna recompensa personal, esto te dará la motivación extra que necesitas para culminar tus proyectos.


¡Y muy importante! Procura establecer tus propios límites y descansar cuando lo necesites. De esta manera el trabajo será menos abrumador y lograrás una mayor concentración en tus tareas.

Disfruta de manera responsable de esas pequeñas distracciones que te permitan descansar y reponer energías. Eso sí, en tu horario establecido para trabajar, procura dejar a un lado el WhatsApp, las redes sociales o cualquier otra actividad que te desconcentre.

5. Gestiona tus objetivos y, ¡disfruta el proceso!

Por último pero no por eso menos importante, el seguimiento y revisión de tus metas te permitirá definir qué tareas necesitas completar en tu día a día. Y nunca olvides acompañar tu gestión de responsabilidades con alegría y motivación. La adopción de nuevos hábitos saludables será el motor para alcanzar todo lo que te propongas.


Recuerda que todo cambio requiere de buena actitud y que el mejor momento para comenzar, ¡es el ahora!

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