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En nuestra experiencia humana, la empatía es algo que hemos sentido directamente, y otras personas seguramente han sentido empatía por nosotros en algún momento. Esta puede ser fundamental a la hora de tener relaciones interpersonales saludables.

Sigue leyendo y conoce más sobre la empatía, cuáles son sus tipos, qué beneficios tiene y cómo la puedes fomentar en tu vida.

Definición de empatía

Las relaciones personales, e incluso la relación con uno mismo, dependen en parte de cuán capaces seamos de reconocer, apreciar, entender y sentir las emociones tanto de nosotros mismos como de otras personas. 

La palabra empatía proviene del griego «empátheia» que puede traducirse como «sentir dentro». Según la RAE, el concepto de empatía es la «capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos». 

También podría definirse como la capacidad de reconstruir dentro de nosotros los estados mentales o mundo interior de las demás personas, tanto en el aspecto psicológico como en el aspecto emocional.

Es importante resaltar que no es necesario estar de acuerdo con el modo de interpretar las situaciones con carga afectiva de la otra persona, o estar de acuerdo con sus acciones particulares. La verdadera empatía trasciende esto y nos permite ver más allá.

Tipos de empatía 

Cuando hablamos de tipos de empatía, nos referimos realmente a las distintas etapas del proceso empático, las cuales suceden una tras otra, en orden. Comienza con el reconocimiento intelectual, seguido del reconocimiento emocional, luego la preocupación ajena que conlleva a la acción, y finalmente la diferenciación apropiada de los sentimientos ajenos y el nuestro.

Empatía cognitiva

En primer lugar, tenemos la empatía cognitiva. Aquí, somos capaces de reconocer intelectualmente el estado mental de la otra persona. Esto lo realizamos tanto por el contenido de lo que la otra persona comenta, como por las señales no verbales que esta emite.

En esta etapa se tiene una visión cognitiva del mundo interior de la otra persona, pero no hay aún una conexión emocional o personal.

Empatía emocional

La empatía emocional es la segunda parte del proceso, y requiere primero que exista la empatía cognitiva para poder reconocer adecuadamente el estado interior de la otra persona. Una vez que esto se ha logrado, podemos pasar al componente emocional de la empatía.

En la empatía emocional somos sensibles a lo que siente la otra persona, sufriendo de una especie de contagio emocional, tanto de sus emociones positivas como negativas.

Preocupación empática o simpatía

Una vez que hemos logrado tanto la empatía cognitiva como la emocional, pasamos a la preocupación empática o simpatía. La palabra simpatía puede entenderse como el acto de sentirse igual al otro. En este caso, va un poco más allá de la empatía emocional, pues ahora se siente preocupación por la experiencia ajena y esto nos puede llevar a la acción. 

La simpatía es la precursora de las ayudas sociales y del altruismo. El hecho de reconocer y sentir en nuestra propia piel las emociones del otro, nos motiva a realizar acciones en busca del bienestar del otro.

Ecpatía

La última parte del proceso empático, conocida como ecpatía se ha reconocido a nivel científico más recientemente. En esta parte del proceso, aprendemos a reconocer y diferenciar cuáles emociones son realmente de nosotros y cuáles no nos pertenecen. Aprendemos a reconocer cuando otra persona nos ha transferido sus emociones.

La ecpatía se hace entonces importante porque nos permite empatizar de una manera saludable, sin excesos y sin manipulación ante las reacciones emocionales de alguien.

Ejemplos de empatía

Existen diversas acciones con las que podemos mostrarle empatía a otro ser humano. Algunos ejemplos de dichos actos serían:

  • Ayudar a alguien con problemas personales o laborales.
  • Asistir a un anciano a cruzar una calle.
  • Ayudar a un niño que es víctima de bullying.
  • Socorrer a alguien que ha tenido un accidente.
  • Alegrarse por los logros y la felicidad de otros.
  • Consolar a alguien que ha perdido a un ser querido.

Características de las personas empáticas

Todos los seres humanos somos capaces de ser empáticos, no es algo exclusivo de un grupo selecto de personas. Sin embargo, es cierto que existen personas que pueden ser un poco más empáticas que la mayoría, o lograrlo con más facilidad.

Estas personas presentan un conjunto de cualidades en común, las cuales te comentamos a continuación:

Tienen una buena capacidad de escucha activa

Una de las características esenciales que tienen las personas empáticas es que escuchan de manera activa. Es decir, no se limitan simplemente a oír las palabras que dice la otra persona sino que la escuchan atentamente.

Por ejemplo, ante un conflicto, tratan de entender las emociones de la otra persona mientras habla, y reflexionan sobre lo que se ha comentado. 

Prestan atención a los detalles

Una persona empática también tiene la capacidad de prestar atención a los pequeños detalles o señales que otra persona da cuando interactúa con ellas. 

Cosas como expresiones faciales, movimiento del cuerpo, tono de voz e inflexión, son algunas de las señales que resaltan para una persona empática. Toda esta información les permite comprender y simpatizar más con la otra persona.

Son tolerantes

Una parte muy importante de la empatía es la tolerancia. Aunque una persona empática no esté de acuerdo con las conductas o sentimientos de otra persona, su tolerancia le permite ser capaz de respetar las acciones y emociones de los demás.

Son intuitivas

Tomando en cuenta las cualidades que te comentamos anteriormente, las personas empáticas tienen un sentido de la intuición más sensible, por lo que pueden presentir qué está sintiendo o pensando una persona ante una situación sin que ésta lo haya expresado explícitamente.

4 beneficios de ser empático

Muchas personas creen que ser empático es ser demasiado sensible, pero la verdad es que desarrollar nuestra capacidad empática no solo mejora nuestro estado de ánimo, sino que también nos trae distintos beneficios a lo largo de la vida. A continuación, te mencionamos algunos de ellos:

Desarrollar habilidades sociales

Uno de los beneficios principales de ser una persona empática es que nos permite desarrollar mejor nuestras habilidades sociales y mejorar nuestra inteligencia emocional, ya que podemos comunicarnos de una mejor manera con otra persona. Esto es posible debido a que podemos entender mejor a la otra persona, saber que piensa y siente.

Además, la empatía fortalece nuestras relaciones sociales, las cuales se vuelven más cercanas y sinceras al interactuar más adecuadamente con el otro.

Mejorar la relación con nosotros mismos

Aunque parezca raro, la capacidad de entender cómo se sienten los demás se aplica a nosotros también, y nos ayuda a comprender mejor nuestros propios sentimientos. 

Esto nos permite estar en mayor contacto con nuestras emociones y sentimientos, haciendo que podamos entenderlas, aceptarlas y respetarlas adecuadamente.

Conocer otros puntos de vista

Al ser empáticos, podemos ponernos en los zapatos de los demás, lo que implica que podemos aprender de otros puntos de vista distintos al nuestro. 

Esto sin duda va a ayudarnos a reflexionar sobre estas nuevas perspectivas, ideologías, o incluso filosofías que se nos presentan, y que pueden cambiar nuestra vida para mejor.

Facilitar la resolución de conflictos

Esa capacidad de poder escuchar activamente a los otros, de comprender y aceptar distintos puntos de vista, nos ayuda a disminuir las tensiones dentro de un conflicto, lo cual acelera el proceso de resolución.

Gracias a la empatía, podemos conectar con la otra persona y conciliar las diferencias de manera asertiva.

Claves para fomentar la empatía

Aunque algunas personas lo sean naturalmente, la empatía es algo que se puede desarrollar. Existen diversas acciones que podemos poner en práctica en nuestro día a día para fomentar esta cualidad en nosotros. Te compartimos algunas claves para lograrlo:

Practica la escucha activa

Uno de los ingredientes principales para tener una buena empatía es saber escuchar, y escuchar de manera activa no se refiere a simplemente el acto de oír las palabras del otro.

Realmente, incluye escuchar atenta y detalladamente lo que dice la otra persona, tratar de entender por qué está diciendo lo que está diciendo y cómo la hace sentir lo que está contando.

Así que la próxima vez que tengas una conversación con alguien, puedes practicar la escucha activa de la siguiente manera:

Presta atención no solo a lo que dice, sino cómo lo dice, cómo es su tono de voz, su lenguaje corporal, y las emociones que resaltan en la otra persona cuando habla. De igual manera, detente a pensar el por qué es importante para dicha persona decir lo que dice. 

Valida las emociones de los demás

Distintas personas pueden experimentar distintas emociones ante una misma situación, y usualmente son válidas y tienen una razón; esto debemos reconocerlo. La próxima vez que interactúes con alguien que presente una emoción la cual no necesariamente estás de acuerdo, trata de validar esta emoción. 

Intenta entender por qué podría estar sintiendo lo que está sintiendo, en vez de simplemente juzgarla porque no estás de acuerdo. 

Haz preguntas

Otra buena práctica para desarrollar la empatía es, durante una conversación, hacerle preguntas a la otra persona. Pero no cualquier pregunta trivial o irrelevante, sino preguntas que tengan que ver con el estado mental, emocional y sentimental de la persona. 

Podemos realizar preguntas como: ¿cómo te sientes con lo que pasó?, o ¿por qué es importante esto para ti? Este tipo de preguntas nos ayudan a indagar sobre el estado emocional y psicológico de la persona, lo que lleva a conectar con eso que siente y piensa. 

Como hemos visto, la empatía es importante y valiosa en nuestra comunicación y convivencia diaria. Al comprender mejor los procesos de la empatía, podemos empezar a implementarla, y si la aplicas, te darás cuenta de la mejora en tus relaciones interpersonales, e incluso, contigo mismo.

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