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Llevar un estilo de vida saludable, con una dieta equilibrada, ejercicio físico, correcta hidratación y buen descanso, se traducirá, a largo plazo, en calidad de vida, prevención de enfermedades cardiovasculares, mejor sistema inmunológico, salud mental y buena salud en general.


Vamos a ver cuáles son esos hábitos saludables que podemos incorporar a nuestra vida diaria:

1. Alimentación saludable

Llevar una dieta equilibrada no responde a una meta a corto plazo; es más bien un estilo de vida saludable. Brindarle a tu cuerpo los macronutrientes (proteína, grasas sanas, carbohidratos) va a permitir que funcione correctamente y, por lo tanto, tengas un mejor estado de ánimo, buen desempeño en el terreno laboral y en tu vida diaria. 

Comer alimentos saludables y mantener una dieta saludable aplica tanto si quieres perder grasa, como aumentar grasa muscular o simplemente tener una buena salud y prevenir enfermedades a largo plazo.

Procura que más del 70% de los alimentos que consumes sean orgánicos y no procesados. Las grasas búscalas en frutos secos, aguacate, aceite de oliva y evita las grasas saturadas. Incluye proteína en la mayoría de tus comidas. Entre los hábitos saludables se recomienda disminuir el consumo de azúcar, en general,  y bajar la porción de carbohidratos en la cena, puesto que estos otorgan energía que ya no vas a necesitar y puede almacenarse como grasa. Mantén una buena hidratación, alrededor de 2 litros diarios. Come consciente, hasta quedar satisfecho.

Escucha a tu cuerpo. Él sabe decirte qué cosas le hacen bien y te revitalizan, y cuáles son pesadas y menos beneficiosas para el organismo.

La alimentación es la base de todo. Desde la piel, hasta el funcionamiento de tus órganos, y el rendimiento cognitivo.

2. Actividad física

Suena cliché, pero el ejercicio físico, en conjunto con una dieta saludable es la clave para un buen estado de salud prolongable en el tiempo. 


Fortalece el sistema inmunológico; previene enfermedades cardiovasculares; crea un ambiente hormonal que mejora el estado de ánimo; evita factores de riesgo para ciertos tipos de cáncer y otras enfermedades crónicas; controla la ansiedad; eleva el autoestima; mejora la concentración;  y podríamos continuar infinitamente. 


El ser humano necesita del ejercicio físico para mantenerse en buen estado de salud, tanto físico como mental. A cualquier edad, el sedentarismo es un villano de la salud y para combatirlo, solo necesitamos 30 minutos al día de actividad física.

3. Tener una rutina

Este es uno de los hábitos saludables que tiene un poder grandísimo en nuestro estado de ánimo y nuestra salud mental. 

Por un lado, la ansiedad y el estrés se incrementan cuando los pensamientos, las responsabilidades y las preocupaciones, están desorganizadas y forman una especie de neblina, que no permite ver claro el panorama. Sentimos que tenemos mil cosas pendientes, la carga y la demanda se sobredimensionan, y nos paralizamos, en lugar de actuar.

Por otro lado, la sensación de “no tener nada que hacer”, por un período prolongado, puede afectar nuestro estado anímico, porque trae un cuestionamiento del sentido de los días y una pérdida del interés, al no hallar alguna meta clara o expectativas. Esto puede traer problemas de salud y se convierte en terreno fértil para malos hábitos. 

En cualquiera de los dos casos, no importa lo sencilla que sea esta rutina, nos permite comenzar el día, ponernos en marcha, organizarnos, distribuir el tiempo y aumentar nuestra seguridad y satisfacción al completar esas pequeñas metas que nos fuimos colocando. Una vida saludable necesita cierto orden que alimente los buenos hábitos y nos aleje del autosabotaje.

4. Establecer metas

Incorporar alimentos saludables a nuestra dieta, realizar ejercicio físico 3 veces a la semana, dormir al menos 8 horas diarias, mejorar la hidratación, disminuir el tiempo en redes sociales, leer más, etc. No importa la complejidad, es importante tener metas. Las metas son un motor para arrancar todos los días; ayudan a mantener claro nuestro porqué y nuestro sentido; nos permiten avanzar; nos ayudan a mejorar, al poder medir nuestro proceso, y todo esto se traduce en una vida sana y una mejor experiencia diaria.

A veces, pensamos que decir “metas” significa grandes objetivos. Una meta puede ser hacer la cama al despertarnos; llamar a algún amigo con el que tenemos tiempo sin hablar; ver finalmente la película que queremos; en fin, cualquier objetivo, no importa lo grande o pequeño que sea. Un día se traduce en pequeñas acciones. Las metas permiten que estas pequeñas acciones sean un poco más conscientes, guarden una coherencia con un objetivo final y evita que, en el camino, se atraviesen cosas menos beneficiosas, que tomen nuestra atención y nos alejen de lo que realmente queríamos.

5. Reconocerte

Darnos crédito es super importante para mejorar nuestra confianza en nosotros mismos. Damos bastante atención a aquello que no nos sale tan bien; a las cosas que nos faltan por lograr y ¿qué hay de aquellas cosas que sí hemos alcanzado? Al día de hoy, has conquistado varias victorias, pequeñas o grandes, y vivir consciente de ello, estimula tu confianza para librar nuevas batallas. 


Reconoce tus debilidades, pero también hazlo con tus fortalezas. Seamos justos con nosotros mismos.

6. Alimentar la vida social

Entre los hábitos de vida saludable tiene que estar presente el terreno social y afectivo.  Las relaciones sociales sanas aumentan la calidad de vida, sin duda alguna. 


Mantener vínculos saludables estimula nuestro estado emocional y anímico, refuerza nuestra sensación de pertenencia; nos permite ser a través de la relación con otros; intercambiar puntos de vista y expandir nuestra mente. El ser humano se termina de dibujar a sí mismo a través de la reafirmación o la negación respecto a otros. 


Es importante hacer espacio para el encuentro social, para la recreación con otros y para la interacción sana.

7. Tiempo al aire libre

Estudios demuestran que incluir ratos al aire libre dentro de nuestra rutina, combate la depresión, incrementa el optimismo y la salud mental, ayuda a descansar al cerebro de la sobreestimulación diaria, mejora el sistema inmunitario y alivia la ansiedad. 


Es común que la mayor parte de nuestra vida transcurra en interiores. Incluso, hacer ejercicio se ha convertido en una práctica de este estilo, en ciertas modalidades; sin embargo, la sensación de estar en lugares abiertos, echarnos en la grama, sentarnos a ver el mar, es irremplazable y necesaria para llevar una vida sana.

8. Agradecimiento

Si no reconocemos la abundancia en lo que ya tenemos, difícilmente nos sentiremos prósperos cuando tengamos más.

El agradecimiento es uno de los buenos hábitos que podemos incorporar y que nada tiene que ver con conformismo. Una vida saludable necesita de consciencia sobre lo que hemos alcanzado y las cosas que se nos han dado. Vivir sabiendo que estamos en un lugar privilegiado en comparación a otros, nos cambia el punto de vista con el cual nos enfrentamos al mundo.

Es positivo tener nuevas aspiraciones, lo negativo es que eso no nos permita ver y valorar lo que ya tenemos y lo afortunados que somos, en algunos casos.

Una práctica interesante es dar gracias por tres cosas al despertar y, en la noche, al acostarnos, agradecer tres cosas nuevas que sucedieron durante el día.

9. Conectar y visualizar

La sobreexigencia  en la que vivimos es tan fuerte, que sus efectos pueden generar problemas de salud. Vivimos a un ritmo que muchas veces nos impide conectar con nuestro deseo, reflexionar y preguntarnos hacia dónde vamos y cómo nos sentimos. 

 

Uno de los hábitos de vida saludable más íntimo y poderoso es dedicar espacios para conectar con nosotros mismos. La forma la elige cada quien, pero silenciar el mundo externo y escucharnos, conectar y visualizar cómo queremos sentirnos y qué podemos hacer para lograr esa sensación es vital para avanzar y conseguirlo. 


Se trata de pausar un momento los estímulos externos y permitirnos hablar, alzar nuestra propia voz, sin otras influencias y alinear nuestro eje central. Si esto no sucede, las acciones que hacemos todos los días serán como flechas volando sin un blanco claro. 


Vivir de este modo, incrementa la sensación de vacío y estimula la falta de sentido a largo plazo.

10. Monitoreo de estilo de vida

Hacer seguimiento, como cualquier otro hábito, es cuestión de acostumbrarnos y ser constantes. Al principio, puede costarnos un poco, pero es la única manera de saber si realmente estamos avanzando o cuáles son las razones por las que no llegamos a una meta. Un corredor no puede mejorar sus tiempos si no lleva registro de ellos. 

Es mucho más fácil mantenernos motivados cuando nos volvemos conscientes del proceso. Lleva registro en un cuaderno o una aplicación que puedas tener contigo, de este modo, lo anotas en el momento y evitas pasarlo por alto.

Los buenos hábitos son infinitos, y la sensación de bienestar, de avance y seguridad contigo mismo te permiten diferenciarlos de aquellos malos hábitos que, aunque puedan generarte satisfacción inmediata, traen problemas en el tiempo y frenan tu evolución.

¡Vamos por el cambio! Todos tenemos una primera vez.

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