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Según fuentes extraoficiales, el ser humano es capaz de tomar hasta 35.000 decisiones al día. Desde el desayuno hasta el empleo ideal. Y aunque te parezcan meras decisiones racionales, psicólogos han descubierto que nuestras elecciones también son impulsadas por motivos emocionales, irracionales o confusos.


No se trata de un tema holístico ni de cómo las fases de la luna influyen sobre nuestras decisiones, sino de cómo optimizar soluciones alternativas a nuestros problemas para alcanzar los resultados esperados.


¡Sapere aude! O «ten el valor de usar tu propia razón», decían los grandes filósofos de la Ilustración. Y es que una persona administrativa es capaz de elegir la mejor alternativa, tomando en cuenta los distintos modelos de decisión existentes ante cualquier albedrío que surja en su día a día.


Por eso hoy te traemos un tema que estamos seguros que será de gran utilidad en tu vida académica, laboral e incluso social y personal. Créenos, ¡no hay mejor decisión que seguir leyendo este artículo!

Problemas complejos, ¿decisiones complejas?

Tu jefe te pide una presentación urgente para mañana, pero tienes mil y un cosas más por entregar, ¿le dices a tu jefe que no tienes tiempo o asumes la responsabilidad de la tarea? Tienes un importante examen el lunes, pero tus amigos deciden planear una escapada de fin de semana a la playa, ¿te apuntas al viaje o te quedas estudiando?


Este tipo de decisiones rutinarias son las que se nos presentan a diario, y que dependen de un sinfín de factores mentales que nuestro cerebro, como una poderosa máquina, busca procesar y dar respuesta a este tipo de problemas.


Pero, sin caer en cientificismos, volvamos a lo básico. ¿Qué es la toma de decisiones? Como su nombre indica, no es más que la «llave final» a cualquier plan, meta u objetivo que tengamos. 


Se trata de un término ambiguo que involucra un proceso que vamos perfeccionando a lo largo de nuestra vida. De niños creíamos que una decisión difícil era elegir nuestro caramelo favorito. Hoy en día seguramente sea una elección más fácil de tomar y, en su lugar, asumimos otras cuestiones más complejas como el tipo de familia que queremos formar o la empresa que nos gustaría crear.


Precisamente, las etapas del proceso de decisiones involucra tres puntos claves: (1) reconocer una necesidad o problema; (2) la propia decisión a cambiar, solucionar o satisfacer esa necesidad y; (3) el curso de acción consciente para tomar una óptima elección.

Por tanto, el proceso de decisión es un método complejo y abstracto al que muchas veces nos enfrentamos, y donde nuestro entorno puede influir en nuestra decisión final.


De hecho, y aunque a veces parezca casi intuitivo, psicólogos han descubierto una variedad de errores mentales que afectan nuestro pensamiento y los tipos de decisiones que tomamos.

La Decidofobia y los errores mentales

Sabemos que algunas decisiones tienen más relevancia que otras. No es lo mismo decidir qué par de zapatos usar que elegir una carrera profesional.


Sin embargo, apostar por la primera alternativa es sólo una de las posibles soluciones a la hora de tomar decisiones, pero no siempre es la mejor para elegir opciones óptimas.


¿Eres de los que evita o retrasa la toma de decisiones? ¿Te dejas influenciar por las elecciones de otros o dependes de la opinión de los demás? ¿Sientes que la ansiedad, estrés o pánico afectan las posibles soluciones a tus problemas?


Esta incapacidad o pánico a la indecisión es conocida como la Decidofobia, y no es más que el miedo, como su nombre indica, a tomar decisiones. Si en la mayoría de preguntas pensaste en un rotundo «SÍ», ¡no te preocupes! 

 

El cuadrante de  toma de decisiones es una de las herramientas más práctica para potenciar tus alternativas de solución y fortalecer la autoconfianza en cualquier decisión tomada.

Por otra parte, el autor y emprendedor James Clear explica algunos de los errores mentales más comunes en la toma de decisiones y de qué manera puede afectar nuestros puntos de vista.

1. Sesgo de supervivencia

Aunque sea poco conocido, este término antiquísimo fue creado durante la Segunda Guerra Mundial por el estadístico Abraham Wald. A pesar de que el contexto ha cambiado, su significado es el mismo: se trata de enfocar nuestra mente sólo en aquellas historias o casos de éxito, dejando a un lado las anécdotas que no han podido superar la adversidad.


En otras palabras, nuestra mente se queda con los casos de prestigio e ignora los fracasos. 


¿Y qué tiene esto de negativo? Si bien es cierto que inspirarnos en historias de éxito puede mantener la motivación para lograr nuestros objetivos, el no reconocer riesgos, vulnerabilidades o fracasos puede conllevar a creencias excesivamente optimistas que impiden identificar alternativas de solución en nuestra toma de decisiones.

2. Sesgo de confirmación

Siendo quizás uno de los patrones de pensamiento más conocidos, nuestra inclinación a buscar información relevante que se adapte a nuestras creencias y valores es uno de los errores mentales más comunes en la toma de decisiones. 


¿Por qué? Porque refuerza nuestros argumentos, aunque no siempre sean correctos. De hecho, los sistemas de información actuales buscan promover tendencias o ideologías que se adaptan a las creencias de cada persona dentro de una sociedad, lo que puede devaluar nuestros criterios de decisión sin valorar otras hipótesis.

Por tanto, un modelo racional y crítico es aquel que valora los pros y contras de la información, y donde los mejores tomadores de decisiones miden el costo-beneficio de cada elección que toman.

3. Aversión a las pérdidas

Piénsalo así. Imagina que compras una prenda de ropa por simple capricho. Quizás en un principio te da la satisfacción de haber adquirido algo en tendencia, pero con el paso del tiempo te das cuenta del poco uso que le das, pero te niegas a regalarlos.


El ser humano está «programado» para sentirse protector de sus posesiones. Más allá de sobrevalorar nuestras posesiones, este tipo de miedos nos puede llevar a no valorar soluciones alternativas y tomar decisiones impulsadas por nuestras emociones.

Tipos de modelos de toma de decisiones

Sabemos que el curso de acción dentro de cualquier proceso de toma de decisiones varía con la definición del problema, la persona o las circunstancias.


Por tanto, los modelos de toma de decisiones sirven como herramientas para la identificación del problema, análisis de la disponibilidad de alternativas y definición de decisiones estratégicas.


El plus de conocer los diferentes modelos es que orientan a los tomadores de decisiones sobre cuál o cuáles son los procesos a seguir dependiendo de los tipos de problemas en cualquier ámbito de sus vidas. 

1. Modelo racional


Uno de los métodos más conocidos dentro del mundo empresarial, ya que permite contrarrestar suposiciones que pueden llevar a malas decisiones.

En este sentido, el modelo racional busca pautar cursos de acción alternativos que sirvan como guía para identificar el costo-beneficio de las decisiones, así como aumentar o disminuir la aceptabilidad de soluciones alternativas a futuros problemas similares.


Y aunque este tipo de decisiones racionales disminuyen el riesgo e incertidumbre, no es un modelo óptimo cuando en situaciones volátiles o de tiempo limitado. 


Porque como dicen, el «tiempo vale oro» y algunas veces es necesario agilizar nuestro proceso de toma de decisiones para una mayor efectividad, especialmente dentro del entorno laboral o académico.


2. Modelo de racionalidad limitada


También llamado modelo de satisfacción. A diferencia del modelo racional, este método explica que las personas tenemos una capacidad limitada para procesar la información, por lo que se tiende a seleccionar la primera alternativa disponible en nuestra mente, evitando opciones inciertas.

El modelo satisfactor es práctico cuando no cuentas con suficiente tiempo o información para implantar diferentes alternativas. Recuerda que a veces las mejores decisiones no tienen que venir de patrones puramente racionales, sino tomar en cuenta la información relevante que nos ayude a tomar una decisión final  acorde a nuestros objetivos.


Y aunque el modelo de satisfacción puede ser ideal para algunos tipos de decisiones, no es recomendable cuando se desconoce el tema a elegir.

3. Modelo intuitivo

Aunque muchas veces se extrapole la intuición con la racionalidad, la toma decisiones intuitivas resultan versátiles cuando se cuenta con mucha experiencia o conocimiento en el área.

De hecho, se ha comprobado que este método puede promover la ampliación de perspectivas y alternativas, potenciar nuestro aprendizaje, mejorar nuestra comunicación y aumentar la confianza en nosotros mismos.


¡Pero recuerda! Este modelo de toma de decisiones no es aconsejable en circunstancias desconocidas, como un nuevo trabajo, ya que nuestro cerebro no es capaz de identificar los patrones de reconocimiento para lograr los resultados esperados.

4. Modelo psicológico

También llamado modelo cognitivo, implica sub-modelos mentales que permiten detectar y procesar información relevante.

Es decir, de manera más sistemática o intuitiva, se presentan clasificaciones que difieren en cuanto a la recopilación y evaluación en los modelos de decisión.


Podríamos mencionar el modelo político, burocrático, corporativo e incluso más innovadores como los modelos matemáticos y tecnológicos. Este tipo de herramientas te ayudarán a ampliar tu punto de vista en cualquier toma de decisiones.

Cómo y dónde aplicarlos

James Clear expone que la forma más inteligente de optimizar nuestras decisiones es mediante estos modelos mentales. ¿Por qué? Porque de esta manera lograremos darle un mayor sentido a nuestro entorno y descartar situaciones exhaustivas que entorpezcan nuestras elecciones.

En palabras del empresario Tim Ferriss, «encontrar una única decisión que elimina otras 100 » es la mejor alternativa para tomar decisiones más inteligentes.

¿Qué puede afectar la toma de decisiones?

Ya hemos comentado que las malas decisiones no ocurren exclusivamente por factores irracionales, sino que involucra tendencias a preocuparnos demasiado por nuestro presente, obstáculos mentales como la procrastinación y en general, aspectos de nuestro propio entorno. 


Y es que si bien no podemos controlar lo que ocurre a nuestro alrededor, recuerda que tienes la libertad de poner a tu alcance opciones que te lleven a tomar mejores decisiones.

1. Crea un entorno más saludable


Llevar un puñado de frutos secos, una fruta o algún otro snack te ayudará a no gastar dinero en antojos poco saludables. Dejar tu teléfono en la sala en lugar de dormir junto a él evitará que lo revises constantemente y por tanto, te ayudará a conciliar un mejor sueño.


Son algunos de los muchos ejemplos en los que podemos decidir cómo mejorar nuestro entorno personal y romper con malos hábitos que afectan nuestro desarrollo personal.

2. Apuesta por la sencillez

Todo buen decisor busca un estilo de vida minimalista que le permita valorar opciones sin caer en la desesperación.


¿Cuántas veces no has pasado por una situación donde tengas tantas cosas por acabar que, entre la desesperación, tomas decisiones precipitadas y erróneas?


Procura enfocarte en una tarea a la vez para evitar situaciones de estrés que te lleven a la posposición constante de responsabilidades y por tanto, al retraso en tu toma de decisiones.

3. Busca la motivación en el hoy

¿Por qué empezar una alimentación saludable el lunes? ¿O dejar ese emprendimiento personal para las resoluciones del próximo año?


Poner en marcha tu misión personal contribuye a trazar un plan de acción que a largo plazo puede convertirte en una persona administrativa que valora cómo sus criterios de decisión de hoy impactarán en el mañana, valorando los distintos puntos de vista que surjan a los obstáculos que se presenten en el camino.


Porque como dijo el famoso escritor Ralph Waldo Emerson, «una vez que tomas una decisión, el universo entero conspira para hacer que ocurra».


Y tú, ¿ya sabes cuál es la próxima decisión que quieres tomar para lograr tus metas y objetivos?


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